La destrucción del fuerte "La Navidad"

La destrucción del fuerte "La Navidad"

El Fuerte La Navidad fue la primera población española establecida en el Nuevo Mundo, construida por Colón con los restos de la Nao Santa María. Cuando Colón se ausentó de La Navidad y volvió a España, Diego de Arana se apartó de sus discretas instrucciones y dio riendas sueltas a las pasiones mal comprimidas de sus soldados. Estos no pudiendo resistir a la avaricia, ni a la torpe sensualidad, se entregaron a desmanes de todo género.




Los nativos para no perder tiempo propusieron levantar tropas con que ir los a atacar inmediatamente. Como el valeroso cacique de Maguá, a cuyo conocimiento habían llegado los estragos morales que con insultante altanería estaban haciendo los soldados españoles.  No titubeó un instante en aceptar la patriótica invitación y en prepararse para la lucha dispuesto a vencer o morir.

Citados ambos caudillos para reunirse con sus guerreros en las inmediaciones de la colonia de La Navidad, a fin de concertar la manera de dar un buen asalto a la fortaleza.  No tardaron en emprender marcha sigilosamente, cada uno a la cabeza de una hueste respetable, con varias armas. Mientras Diego de Arana reposaba tranquilo en sus cuarteles, fiado en la mansedumbre de los aborígenes. No soñaba siquiera que sus tierras pudieran ser invadidas impunemente por ninguno de los caciques vecinos. Una algazara espantosa anunció como a eso de media noche que el exterminio de la colonia era inevitable. En vano pretendieron los españoles, resueltos a vender cara la vida, apelar a las armas con el denuedo y la hidalguía que le son peculiares.


Nada hizo tampoco el leal Guacanagarí con acudir a la defensa de sus protegidos. Arrollados unos y otros por el número de los contrarios, que no obedecían sino al grito aterrador de muerte y desolación dado por el feroz Caonabo. Bastaron pocas horas para que la colonia quedara completamente destruida, muertos los españoles todos, y castigada la parcialidad del soberano de Marién. Con la desaparición de la aldea de su residencia, cuyos fragmentos a una con los de la fortaleza, fueron reducidos a cenizas por los vencedores. Como si presintieran haber tomado una venganza anticipada del futuro suplicio a que su raza estaba condenada, se separaron enternecidos.



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